¿Porqué hay personas que son incapaces de imaginarse en un futuro?, debe de haber una razón. Y mientras la buscas, una sensación de temor te invade. ¿Es por simple falta de imaginación o proyección? ¿O quizás porque nuestro destino no llega más allá de hasta donde somos capaces de vernos? Mientras piensas esa idea, parece que la alimentas. Es sumamente fácil engordar lo malo. Es como si nuestras habilidades estuviesen más desarrolladas para pensar en lo que nos asusta y al contrario sucede con lo bueno, éste es como un estómago reacio a incrementar su peso por más comida que le añadas.
Estoy segura de que la solución a muchos problemas es el mismo causante de ellos: el tiempo. El causante de la incredulidad con el paso de los años, de la desconfianza, del desánimo, de la desesperanza que, afortunadamente, siempre vuelve a esperanzarnos. La esperanza uno la pierde cuando después de tanto vivido, la vida le supera. Supongo, que debe ser como un instante de máxima locura en el que te reduces a nada y sientes que todo es en vano, que tu fe, tu esfuerzo, tu lucha, no se recompensa. Quién sabe, podrían considerar a los que permanecen internados con sus delirios, eternos desesperanzados. Porqué no afirmar que todos hemos sido en algún momento, almas desesperanzadas.
Puede que no creamos en ningún dios, pero puedo afirmar que en “algo” (aunque no sepamos qué) creemos. El ser humano actúa movido porque la vida (que respira como nosotros) le vea y le escuche y cuando más lo necesitamos, nos toque dándonos una palmada en la espalda, que se manifiesta en un hecho, en algo que anhelamos, esperábamos y que, suspirando agradecemos a dios (o a lo que creamos) que nos haya sucedido.
El tiempo… el tiempo es una cadena de manos que ciertas veces hemos deseado romper para unirnos a otra, que nos sitúa en otro momento, que nos permite volver a decidir, a escoger, y a estar junto a otras manos que de otra forma no sería posible. Pero el tiempo se mueve en una sola dirección, la misma en la que debemos caminar. El resto… el resto queda grabado en nuestras cabezas, para que le echemos un vistazo, para interiorizar lo que aprendimos. El tiempo lo es todo, nuestra ilusión, decepción, es la línea en la que todo tiene cabida. En la que existimos, y si fuese posible retroceder, hasta devolveríamos la vida a personas que quisimos, coincidiendo con ellas de nuevo o, dejando de existir nosotros.
Pero ¿porqué hay quienes no logran verse en un futuro?, creo que es por el poder que generan las ideas, que han sido condicionadas por nuestras experiencias, que generan expectativas, que por temor a no cumplirse y a la decepción hacen que optemos por no poder imaginarnos en lo que para nosotros sería, la palmada más grande que en la espalda, calurosamente… la vida nos diese.
viernes, 26 de noviembre de 2010
lunes, 15 de noviembre de 2010
OTRO CALENDARIO
Aquellos pies corrían para estar siempre en la orilla, esperando a que la última ola, que nunca rompía, le alcanzase. Un mar en eterno movimiento que parecía no llegar a él pese a estar allí mismo, formando parte de su brisa, de su sal.
A veces la vida se muestra así. Y a veces el temor no es cumplir años, sino alcanzar esa edad sin nada de lo que imaginaste. Edades distintas y sin embargo, las mismas velas, el mismo pastel, el día más diferente e idéntico a los restantes del año. El calendario se convierte en una incertidumbre de la que estamos seguros. Pocas veces la seguridad nos da miedo. Si Alex miraba el calendario de un año, del otro, del siguiente a ese otro, y del siguiente al siguiente… era como si estuviese ante la visión de lo que verdaderamente son: Espacios vacíos que esperan llenarse, que esperan suceder. Pero para cobrar vida no basta con que uno la tenga.
Pese a todo, aunque le pareciese que nos acostumbrábamos a nuestra soledad, incluso aunque temiésemos quererla, jamás lo haríamos. Porque lo que hace que soportemos la soledad, es la esperanza del momento en el que aquella ola moje nuestros pies; y aquellas velas sean la luz de lo que anhelamos cuando somos la brisa que las apaga. Cuando soñabas con soplar esos futuros años que iluminaban en nuestra tarta favorita, la ilusión de quienes seríamos.
A veces la vida se muestra así. Y a veces el temor no es cumplir años, sino alcanzar esa edad sin nada de lo que imaginaste. Edades distintas y sin embargo, las mismas velas, el mismo pastel, el día más diferente e idéntico a los restantes del año. El calendario se convierte en una incertidumbre de la que estamos seguros. Pocas veces la seguridad nos da miedo. Si Alex miraba el calendario de un año, del otro, del siguiente a ese otro, y del siguiente al siguiente… era como si estuviese ante la visión de lo que verdaderamente son: Espacios vacíos que esperan llenarse, que esperan suceder. Pero para cobrar vida no basta con que uno la tenga.
Pese a todo, aunque le pareciese que nos acostumbrábamos a nuestra soledad, incluso aunque temiésemos quererla, jamás lo haríamos. Porque lo que hace que soportemos la soledad, es la esperanza del momento en el que aquella ola moje nuestros pies; y aquellas velas sean la luz de lo que anhelamos cuando somos la brisa que las apaga. Cuando soñabas con soplar esos futuros años que iluminaban en nuestra tarta favorita, la ilusión de quienes seríamos.
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