Uno
no se da cuenta de que está vivo hasta que escucha sus latidos. Cuando
lo haces descubres que hay alguna razón por la que lates, por la que ese
corazón que reproduce repetidamente su sonido es tuyo y no de otro.
Sientes como si te siguieses desarrollando en un embarazo que dura la
vida que tienes por delante. Y aunque no sabes porqué estás aquí, ese
latido te recuerda que debes estarlo. Ese "deber" sin razones, "debe"
dotar de significado a la vida que no trata de explicarse. A la vida que
es ese continuo presente que finaliza el día de nuestro "segundo"
parto.