martes, 6 de abril de 2010

LA MIRADA DE BEA

Bea tiene ese componente especial que la diferencia de todos, tiene esa magia en su mente que proyecta en la mirada. Así es capaz de crear historias a partir de lo más simple y cotidiano. Por ejemplo, lo que para alguien es la mala suerte de perder una cartera y su “punto final” del día, para ella es un comienzo perfecto de una historia, su punto y seguido. No le basta con limitarse, sino que tiene la necesidad de dar mil rodeos. Lo que es mala suerte para uno, puede ser lo contrario para otro o simplemente nada para el otro si éste decide transformar la mala suerte del primero en buena.

Con la cartera en sus manos se pregunta: “¿cómo es esa persona?” y antes de averiguarlo prefiere esperar un tiempo para imaginarlo, no hay nada más emocionante como jugar con la idea de lo desconocido. La creatividad está al cien por cien, no puede ser limitada como sucede con quienes conocemos, la información que ya poseemos reduce las posibilidades de la imaginación, pero ésta es tan inmensa… es como un majestuoso animal que se abre paso por la mente, enseñando los colmillos o mostrándose dócil, tierno… cualquier actitud es posible y llegar a tocarlo desvanecería esa ilusión de creer en una imagen u otra, en las diversas características que manifiesta nuestro poder de “soñar” ante lo que desconocemos.

La pérdida de algo que nos es devuelto puede ser casualidad o tal vez ¿causalidad? A Bea le fascinaba pensar lo segundo. Cuando pierdes algo tienes también la posibilidad de recuperarlo pero la probabilidad de que siga perdido es mayor. Tal vez porque en la sociedad en la que vivimos, sabemos que predomina lo que no debería hacerlo. Lo “natural” es que la gente se quede lo que encuentra, lo que es asociado como “buena suerte que uno tiene” y por lo tanto le pertenece por ser “su suerte”, pero ¿y si lo “natural” fuese lo que debe ser?, sería maravilloso vivir en un lugar donde al perder algo, pienses “seguramente alguien me lo devuelve, lo extraño es que no”.

Pero al margen de lo que “debería ser”, lo que “no lo es” tiene su “encanto”, pues lo malo deja cabida a pensamientos como los de Bea. Es dentro de lo malo, de lo que entendemos como “normal”, donde se podría imaginar que recuperar algo perdido es “causalidad”, y que esa situación te podría llevar no sólo a estar en tu estado inicial de posesión de lo que ya tenías sino a ganar. A nuestra chica no se le ocurre una circunstancia más emocionante para que dos desconocidos se atrevan a disparar contra el majestuoso animal de la imaginación, y todo por un simple gesto, una “pérdida”, algo cotidiano. Sin embargo, todo puede ser diferente si aprendemos a fascinarnos. Si aprendemos de esa magia con la que Bea miraba proyectando... lo insignificante de la vida.

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