- Yo puedo hacerte compañía, los lobos nunca me han dado miedo y al igual que tú necesito ver algo en la noche, algo que admirar, por lo que desvivirme.
-Gracias joven, advierto que en ti hay más deseo de dar todo aquello que ella jamás me ha brindado.
-Puedo imaginar cómo te sientes, seguro que absurdo, si fuese tú no aullaría más…
Pero el lobo no la veía a pesar de tenerla delante, había sido la criatura más tierna con la que se había encontrado. Sin embargo, seguía ensimismado con los ojos hacia aquella luna inalcanzable.
-Sabes… yo también me siento lobo, y en consecuencia, absurda, cada noche escucho tus lamentos, y sin darte cuenta, me dueles, me golpeas en cada aullido, pero estás tan absorto lobito… tan absorto con esa luna, que ni te das cuenta de que me desgarras por dentro. Yo en cambio, intentaré olvidarme de tus grandes ojos, y caminaré por el bosque, no me importa hacerlo sola… tal vez tope con alguién que me contemple cada noche, como tú haces con ella. Tan sólo te pido una cosa… que tu aullido sea más débil, porque me matas con tu llanto que en definitiva es el mío. El llanto… a lo inalcanzable.
Qué cansancio de cuentos... tan sólo queríamos...
escuchar otro distinto.
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