viernes, 2 de abril de 2010

A LA LUZ DE LA LUNA

Como un lobo, aullando a lo inalcanzable. Aullar quizás sea sinónimo de llanto, o tal vez como un modo de recriminar aquello que atormenta nuestras noches. Un lobo absurdo que da todo por su Luna, como si algún día ésta pudiese bajar y acariciarle el lomo. Pero no, la luna siempre bailará con el Sol, y el lobo se empeña en creer que alguna noche ella bailará con él. Sin embargo no cesa… se cansa y sigue ahí, para dar su mejor aullido cada noche, llamándola entre rabia y llanto. Una vez se acercó una joven oculta tras una roja capucha:

- Yo puedo hacerte compañía, los lobos nunca me han dado miedo y al igual que tú necesito ver algo en la noche, algo que admirar, por lo que desvivirme.

-Gracias joven, advierto que en ti hay más deseo de dar todo aquello que ella jamás me ha brindado.

-Puedo imaginar cómo te sientes, seguro que absurdo, si fuese tú no aullaría más…


Pero el lobo no la veía a pesar de tenerla delante, había sido la criatura más tierna con la que se había encontrado. Sin embargo, seguía ensimismado con los ojos hacia aquella luna inalcanzable.

-Sabes… yo también me siento lobo, y en consecuencia, absurda, cada noche escucho tus lamentos, y sin darte cuenta, me dueles, me golpeas en cada aullido, pero estás tan absorto lobito… tan absorto con esa luna, que ni te das cuenta de que me desgarras por dentro. Yo en cambio, intentaré olvidarme de tus grandes ojos, y caminaré por el bosque, no me importa hacerlo sola… tal vez tope con alguién que me contemple cada noche, como tú haces con ella. Tan sólo te pido una cosa… que tu aullido sea más débil, porque me matas con tu llanto que en definitiva es el mío. El llanto… a lo inalcanzable.


Qué cansancio de cuentos... tan sólo queríamos...
escuchar otro distinto.

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