Cuando lanzas un boomerang por primera vez, uno debe aprender a que en el primer contacto lo más normal es que éste no vuelva. Por eso corrí por la arena hasta cogerlo y lanzarlo de nuevo. No se cuántas veces lo lancé, pero las cifras de aquel día no valían porque todas formaban parte de la primera vez.
Con frecuencia, hacemos esta clase de lanzamientos, especialmente cuando terminamos etapas y creemos una verdad que queremos que mienta: “aquella rutina que añoro ya no volverá”. Pero el ser humano necesita saber que las experiencias positivas vividas van a parar a algún lugar que no es la nada. Es la misma necesidad de creer que lo que apreciamos sigue vivo, como nos sucede con la “vida” en general y con la idea del “alma” y la “eternidad”.
Es por ello que lanzo una y otra vez esa frase, y mientras más la lanzo, más creo en su transformación, que al fin y al cabo es el significado del “cambio”. No se porqué tenemos la dichosa manía de dotar de gran importancia el primer pensamiento que se nos viene, y etiquetar como “incuestionable” la relación entre la palabra “cambio” y “fin”. Nuestro pensamiento a veces se llena de palabras urgentes, que como las prisas en cualquier aspecto que se den, no llevan a nada, tan sólo a retrasos. Es entonces cuando lo que queda de ti es tan sólo el reflejo, que pese a parecer irreal, es la parte más real de uno que mira hacia atrás (donde verdaderamente te encuentras) para decirte: “nada era tan urgente como caminar despacito ante los cambios”. Despacito y coordinado con la cabeza. Porque en situaciones de “transformación” nuestras fuertes piernas para andar se sitúan encima de los hombros.
Ahora vuelvo a coger esa frase, como el boomerang en la playa, pero esta vez entiendo su verdad “la rutina que añoro no volverá, sin embargo no se perderá”. No sólo se convertirá en otra rutina que en otro futuro añoraré, sino que cada una de sus formas permanecerá. Si no guardamos recuerdos, no crecemos, no podríamos echar de menos, no apreciaríamos pero tampoco dejaríamos espacio para aquellos recuerdos que hoy, aún no se han formado. En definitiva somos pura experiencia, puro recuerdo pasado y todavía no sucedido. Los recuerdos son “anclas” que nos hacen saber porqué estamos ahora aquí y porqué “somos”.
Por ello, los cambios son “puntos y aparte”. Son, en un principio, “boomerang” que no retornan inmediatamente a nosotros, de ahí que los principios cuesten tanto. Con el tiempo, ya no seremos “novatos” ante lo nuevo, y comprobaremos que aquello que un día lanzamos y que no volvía, regresará transformado… para nunca perderse.
LJB
Es la manera mas bonita que he podido leer para decir que la vida son cambios. Eres increíblemente buena escribiendo, aunque yo no sea una experta.
ResponderEliminarUn beso!