miércoles, 26 de octubre de 2011

POR UN INSTANTE

[Os dejo el enlace de una interesante página: "MUJER" http://www.rinconmujer.com/]



Un instante se recuerda si te ha causado el suficiente impacto como para que lo conserves en la memoria. Lo que no llama tu atención, se va a algún lugar perdido. Un lugar en el que alguna que otra vez, te encontrarás si te sientes parte de una pieza de un mundo que vaga solo. Por el que todo ocurre y nada pasa. Una especie de mundo fantasma en el que te miras… sin verte. Porque en ese momento el fantasma, el transparente, el que ha perdido su cuerpo y atraviesa las calles y las paredes, eres tú.

Entonces piensas, en todas aquellas personas que te rodean ahora y en las que te rodearon. Y te das cuenta, de que muchas terminan desapareciendo de puntillas, sin apenas hacer ruido. Otras en cambio, reúnen a una orquesta antes de marcharse. Una orquesta que desafina. Pero te dejaron notas, canciones, letras que te escriben y más adelante, te describen.

Siento simplificar tanto el tiempo, pero todas ellas, cada una de esas personas, incluyéndome… fuimos un instante. Incluso, las que lleguen, serán un instante. Nuevo, diferente, un instante que sumar.

Con suerte, algunas pasarán a ser un momento, ¿porqué no intentar que quienes nos causen impacto, sean cada día ese momento? Pero todo tiene sus reglas, sus complicaciones, y si una persona te impacta por segunda vez, bueno. Asegúrate de que no lo haga desde el interior. La magnitud del impacto es directamente proporcional al recuerdo.

Pero nunca, nunca olvides, la fugacidad de los sucesos. Y si la estela que dejan tras su paso es tu cicatriz, recuerda que es la naturaleza de las cosas. Imagínate lleno de cicatrices… somos un puzzle viviente, un rompecabezas, llevamos con nosotros pedacitos de quienes conocimos, quisimos o quisimos no conocer. Los puzzles tienen sus piezas ya hechas, sus formas adaptadas. La ausencia de una de ellas es el vacío opuesto en la otra. No hay manera de cambiarlo. Para hacer ese puzzle tuvieron que coincidir. Creo que casi todos tenemos nuestro disfraz interno. Me atrevería a decir que somos pequeños Frankestain. Todos hechos de todos. Y sí, algunos hasta tenemos ese tornillo en la cabeza que nos da ese aspecto de locos pero que con él o sin él, lo seguimos estando. No se equivocaron de tornillo, se equivocaron de lugar, no es la cabeza lo que se nos desboca. No es la cabeza lo que me hace simplificar el tiempo, o peor, a las personas en el tiempo. Puede que sólo seamos ese instante en la vida de todos y lo que importe en verdad… sea el impacto.

Quizás haya que centrarse en impactar, en ser como una lluvia de meteoritos que llega a las demás vidas. Una lluvia que sobrevuela las cabezas, para que la vivas justo ahí, y su espectáculo de luces sea el impacto que te haga retenerla en tu retina y nunca olvidarla. Una lluvia que no te alcanza, “impacta” sin hacerte daño, sin dejarte cráteres, vacíos.

Si todos somos un instante, yo me reprocho el mío ¿A quién intentamos engañar, todos pasamos fugaces, pero queremos ser momento, algo más que un instante. Permanecer…

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