viernes, 2 de abril de 2010

EL ÚLTIMO TANGO

Este relato es una metáfora de la rendición a los problemas, la protagonista baila con sus problemas, tomando al final una decisión.



Algunos días pasaban como un baile, más bien como un tango, con sus subidas y bajadas, a veces pasional, otras más relajada. En ocasiones los problemas se mostraban ante su rostro, recibiendo su respiración, rozando sus mejillas, su nariz, casi su boca. Ponía la pierna por encima, intentando ejercer algún punto de control, pero… ésta terminaba por deslizarse poco a poco, como si su cuerpo se apagase…

Había momentos en los que le superaba, aquella música se metía en su cabeza, la condenaba poniéndole un velo a su conciencia y a su razón, haciendo de aquel baile una vivencia tan peligrosa como pasional. Las notas recorrían sus venas, la convertían en quien no era, alguien que nunca conoció y que ignoró por completo. Todo se desbordaba, ¡todo!, su respiración tremendamente agitada, se estaba dejando caer en aquel lugar donde las circunstancias no encontraban solución, y aunque probablemente moriría… albergaba una pequeña luz, una esperanza de encontrar una mano entre aquella oscuridad y aquel baile de tango desesperado que la salvase... Su garganta se apretaba, se rendía sin quererlo a los problemas, su boca se abría, pidiendo una gota de aire. La asfixia era casi completa. Se rasgaba el vestido creyendo que así cesarían las presiones, dejando que algo bueno del mundo que quedaba fuera entrase por cada una de las rasgaduras, como si aquel viento la hiciera revivir.

La música cesó… las lágrimas fluyeron, una mano apareció para salvarla… la mano que tanto anhelaba y odiaba, la única oportunidad de acabar con aquel tango de una forma feliz. Una nota quedaba por sonar y decidir su final, y en mitad de la nota… un gemido de dolor explotó de su boca apartando la mano que podía salvarla… Fue así como cesaron los problemas que bailaron con ella el más largo de los tangos, fue así como logró sobrevivir a ellos, cerrando sus ojos para siempre… quedando tumbada en aquel suelo, ahora el único que notaba el poco calor de aquel cuerpo, con su negro vestido rasgado, y su brazo extendido con el puño, negando la ayuda que le ofreció la mano…

que la mató hace tiempo.

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