sábado, 30 de octubre de 2010

EL CABALLERO DE LA ARMADURA

Se abría paso entre la gente, con la cabeza alta, con el corazón frío. Estaba tan acostumbrado a dar pasos en falso que aquello le fortalecía, y si el suelo no se resquebrajaba a su paso entonces asomaba la duda del débil que se endurece. Que temple, que fuerza, nada podía traspasarle. Tal vez sí las espadas pero no las palabras. No aquellas que te disparan de lleno impidiéndote dar respuesta alguna. Porque hay palabras que a pesar de apuntar a la misma zona, te reviven o te causan una herida fatal.

¡Ay las palabras!, las heridas… las heridas fatales y su recorrido. Las hay fatales desde el primer momento y fatales finales; son las que se infectan y se tornan incurables. En ambas hay sufrimiento, pero en las segundas éste adquiere otras formas y se prolonga afectando a nuestra actitud, a nuestras ilusiones y a lo que somos: esperanza.

Así el guerrero se va armando de pies a cabeza. Lo que él no sabe es que a cada armadura externa le corresponde una interna y más difícil de quitar. El guerrero que de los demás se defiende se convierte en guerrero de sí mismo, en víctima de las palabras que sólo nos permitimos sentir aquella vez. Estuvimos tan cerca de lo que quisimos que volver a acercarse supondría el suicidio. Y por ello nos mandamos a la “nada” de una patada, flotando entre el deseo, entre el calor que no tuvimos y que ahora sólo nos permitimos intuir.

Es la forma más estúpida de creerse a salvo condenándose. Pero es una creencia en vano que nos calma por el hecho de no llevar nuestro nombre susurrado ni una mano hacia nuestro pecho. No es ninguna persona y nosotros no somos nada en ella. Estamos perdidos… pero no lo estamos en alguien, sino en nosotros mismos, y eso, aunque pueda parecer ridículo, nos da seguridad.

Él era un caballero de la armadura que como yo se abría paso. No porque nos temiesen, sino porque los demás eran caballeros de armadura repletos de heridas fatales, impenetrables pero igualmente vulnerables que creyéndose a salvo… se abrían a su vez, paso entre nosotros.

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