Hagamos un pacto para no pactar. Sí, ya sabes a que me refiero, para establecer lo que no queremos que quede establecido.
Seamos apariencia, seamos la mejor unión que haya habido durante unas horas, la pieza del puzzle que encaja a la primera. Seamos amigos inseparables sólo cuando nos veamos. Propongo… que nos comprendamos sin esfuerzo, y si no nos entendemos, que nos riámos y nos complementemos. Yo te propongo que no nos importe nada durante unas horas. Y que cuando nos despidamos, no nos importemos.
Que seamos lo que somos, aunque sea aparentemente. La unión perfecta que se permite separarse y volver a juntarse sin el mínimo conflicto. Que peguemos igual que la primera vez aunque en tantas ocasiones nos hayamos despegado. No es tan difícil, todo el mundo sabe mentir y mentirse.
Elijamos cómo y cuándo queremos importarnos. Y que todo lo que nos una sea también lo que nos desuna. Sí, como un interruptor. Un botón que accionas o no. Seamos en las despedidas un nacimiento. Un bebé sin sentimientos aún forjados. Crezcamos y cuando notemos algo, retrocedamos a ese bebé que aún desconocía y le quedaba tanto por descubrir.
Sólo propongo la libertad. Liberarnos de cualquier cosa que pueda dañarnos. Pero… no te voy a mentir. Cada vez resulta más complejo volver a ser ese bebé que era libre en el mundo que todavía no conocía. Temo que algún día no podamos retroceder.
Hagamos un pacto para no pactar, un pacto con dos caras: la libertad en una, y en la otra, el miedo de la vulnerabilidad. El pánico de los mortales, el susto de lo natural.
Sí, ya lo sé, ¿para qué vamos a engañarnos? No hay pactos para deshumanizarse. No existen. Pero es curioso, si cada despedida es un nacimiento, como “parto” pactado, ni siquiera ese milagro… está libre de dolor.
Oh!!! Me encanta Lore!!! Ojala eso se pudiera hacer con todo el que se quisiera...
ResponderEliminarOdio que todo sea tan complejo, cuando lo que tu propones es tan facil visto así...
Jum... Filosofia pura.
Cada vez me gusta mas.