martes, 6 de diciembre de 2011

SUPERHÉROES

Todas las caras me parecen irreconocibles. Creo que nunca las he visto, aunque cada mañana me reencuentro con ellas y sus miradas infinitas. Esas que pasan por encima de todo, atravesando paredes incluso… personas. Yo digo que tienen esa mirada de superhéroe que posibilita la visión a través de la materia ¡Caray! La de cosas que vemos y escuchamos desde lejos. Sí, yo también las escucho. No recuerdo cuando me convertí en uno de ellos. Sólo se que ahora tengo la capacidad de intuir voces. A saber a cuánta distancia están, a metros o tal vez a ¡kilómetros! Es fascinante escucharlas como un eco. Un eco que te pregunta “¿cómo estás?” o te avisa con cierta musicalidad: “¡no te duermas! ahora no…

Si llego a saber que tengo este don antes, ¡lo que me hubiese ahorrado en facturas telefónicas! Aunque, mi parte de superhéroe me dice que hoy, todo es diferente. Y hay distancias que resultan insalvables ¿Pero qué queréis que os diga? Si son insalvables, todavía me sorprendo más de escucharlas.

Somos otra clase de superhéroes. Sí, porque después de estar un tiempo observando todos los días… yo no diría por ejemplo, que a mi compañero Antonio, con sus dos piernecillas y sus tres dientes, sólo le falta el rizo y la capa para parecerse a Supermán. Por mucho que él diga que volará.

“Todavía no, pero se que pronto volaré. Ríete, tú ríete, pero volaré y desde lo alto te daré los buenos días:
“¡¡¡Paaaaco!!!, ¿qué? ¿cómo va la mañana?, ¡¿todavía tomando el sol?! ¡Pues yo vengo de comprar el pan!, que ya fui a casa de mi hijo a ver a mis nietos después de tumbar en el bar a unos cuantos con la partidita de dominó y de asomarme por la iglesia del pueblo. Sí, sí, ya se que está en lo alto del monte, pero como ahora voy volando ¿sabes? Llego pronto ¡a tos laos! y ¡ni me canso ni ná, Paco! ¡Que esto de tener alas rejuvenece! ¡Mira que piernas! (muestra unas piernas enquencles)

Comienza un nuevo día. Y pienso que Antonio tiene más razón. Yo también siento que volaré. Siento mi mirada de superhéroe infinita, atravesándolo todo, mirando lo que hay detrás del rostro de quienes cariñosamente me visitan. Y detrás, a veces está mi pasado. También adquirimos ese poder. Hacer presente cosas que pasaron hace mucho. Y las vivo de nuevo. Una mano acaricia mi brazo y dice “Eso fue hace mucho tiempo papá” pero yo estoy allí, lejos del origen desde el que se emite esa voz. Es extraño, porque a la vez su voz es la cuerda cálida que me tensa y me hace presente ¡Y cómo lo agradezco!, es importante cuando te alejas sentirte cerca.

Cada día soy más fuerte. Y mi capa me hace más ligero. Volaré y se que mi destino es proteger a los míos, como superhéroe en los que todos nos convertimos.
Un rayo de sol me baña por las mañanas. Cierro los ojos para sentirlo con todo mi cuerpo. Sonrío. Seré tu sol todos los días. Comienzo a desplegar mis alas. Y me hago infinito… para permanecer siempre. Como las miradas… como el cielo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Fotografía silenciosa

Los recuerdos no se pueden robar. Pero sí, hacerlos propios. Le inmortalicé en aquel instante. Le hice una foto a escondidas, sin cámara. Mientras hablábamos, reíamos y le miraba a los ojos. De haber visto la intención de fotografiarle, tal vez no se hubiese dejado. De lo contrario quizás se hubiese oprimido la naturalidad de aquella imagen.

Así que ahí quedó en el momento escogido… congelada su sonrisa. Su olvido es mi recuerdo, pues no existe el vacío de algo que no supimos que cedimos. No existe si los instantes se quedan lejos de los juegos que proponen encontrar las siete diferencias. En cambio… yo podría encontrar las ocho.

Podemos decir que mi memoria está llena de fotos silenciosas, de posados “robados” que nunca fueron posados. Y así escribí mi historia, mis paseos, mis momentos. Así fui dándole forma a palabras sin consonantes ni vocales. Palabras en las que no caben significados por todo lo que significan.

A veces la vida es esa otra que insertamos dentro de la misma y que queda fuera de ella.
Y mientras permanezco en esa dimensión, camino por ti. Admiro el paisaje, lo respiro, lo vivo. Me agacho para coger algo que me parece agradable, y como una flor, la huelo y la giro entre mis dedos. Me da igual si tú corres por mí. Yo sólo se pasear, olvido la velocidad, y los relojes... el tiempo.

Creo que sí, soy esa conformista que se siente afortunada por conformarse con vacíos. Pero sin ellos, no hubiese inventado esta forma de conservarte. Tal vez, no hubiese descubierto que las mejores fotografías son las que no se hacen. Las que permiten los retoques del alma. Las que permiten finalizar historias… que nunca comenzaron.

miércoles, 26 de octubre de 2011

POR UN INSTANTE

[Os dejo el enlace de una interesante página: "MUJER" http://www.rinconmujer.com/]



Un instante se recuerda si te ha causado el suficiente impacto como para que lo conserves en la memoria. Lo que no llama tu atención, se va a algún lugar perdido. Un lugar en el que alguna que otra vez, te encontrarás si te sientes parte de una pieza de un mundo que vaga solo. Por el que todo ocurre y nada pasa. Una especie de mundo fantasma en el que te miras… sin verte. Porque en ese momento el fantasma, el transparente, el que ha perdido su cuerpo y atraviesa las calles y las paredes, eres tú.

Entonces piensas, en todas aquellas personas que te rodean ahora y en las que te rodearon. Y te das cuenta, de que muchas terminan desapareciendo de puntillas, sin apenas hacer ruido. Otras en cambio, reúnen a una orquesta antes de marcharse. Una orquesta que desafina. Pero te dejaron notas, canciones, letras que te escriben y más adelante, te describen.

Siento simplificar tanto el tiempo, pero todas ellas, cada una de esas personas, incluyéndome… fuimos un instante. Incluso, las que lleguen, serán un instante. Nuevo, diferente, un instante que sumar.

Con suerte, algunas pasarán a ser un momento, ¿porqué no intentar que quienes nos causen impacto, sean cada día ese momento? Pero todo tiene sus reglas, sus complicaciones, y si una persona te impacta por segunda vez, bueno. Asegúrate de que no lo haga desde el interior. La magnitud del impacto es directamente proporcional al recuerdo.

Pero nunca, nunca olvides, la fugacidad de los sucesos. Y si la estela que dejan tras su paso es tu cicatriz, recuerda que es la naturaleza de las cosas. Imagínate lleno de cicatrices… somos un puzzle viviente, un rompecabezas, llevamos con nosotros pedacitos de quienes conocimos, quisimos o quisimos no conocer. Los puzzles tienen sus piezas ya hechas, sus formas adaptadas. La ausencia de una de ellas es el vacío opuesto en la otra. No hay manera de cambiarlo. Para hacer ese puzzle tuvieron que coincidir. Creo que casi todos tenemos nuestro disfraz interno. Me atrevería a decir que somos pequeños Frankestain. Todos hechos de todos. Y sí, algunos hasta tenemos ese tornillo en la cabeza que nos da ese aspecto de locos pero que con él o sin él, lo seguimos estando. No se equivocaron de tornillo, se equivocaron de lugar, no es la cabeza lo que se nos desboca. No es la cabeza lo que me hace simplificar el tiempo, o peor, a las personas en el tiempo. Puede que sólo seamos ese instante en la vida de todos y lo que importe en verdad… sea el impacto.

Quizás haya que centrarse en impactar, en ser como una lluvia de meteoritos que llega a las demás vidas. Una lluvia que sobrevuela las cabezas, para que la vivas justo ahí, y su espectáculo de luces sea el impacto que te haga retenerla en tu retina y nunca olvidarla. Una lluvia que no te alcanza, “impacta” sin hacerte daño, sin dejarte cráteres, vacíos.

Si todos somos un instante, yo me reprocho el mío ¿A quién intentamos engañar, todos pasamos fugaces, pero queremos ser momento, algo más que un instante. Permanecer…

domingo, 25 de septiembre de 2011

AL FINAL DEL CAMINO

[Os dejo el enlace de una interesante página: "MUJER" http://www.rinconmujer.com/]


Está claro que somos la suma de varias partes, que eso constituye nuestro todo.
Pero no me había dado cuenta hasta este momento cuando sentí que mi “yo futuro” interrogaba a mi presente, que éste, que siempre se había movido despacio, siguiendo el saludo y la despedida del sol cada día, conversaba ahora con lo que a veces, en nuestros propios guiones, debería suceder.

Cuando dos partes de ti discuten, intentas encontrar un punto de reconciliación, poner un poco de cordura en la propia locura. El presente se agobia por la prisa del futuro y éste último se desespera por la parsimonia del primero. Lo común, es que ambos se desesperan. Lo hacen por encontrarse, por estrecharse la mano, pero saben que son como dos líneas paralelas, siguiendo la misma dirección, dibujando trayectorias similares. Una especie de líneas paralelas que pertenecen a una sola. Una sola línea que lleva mi nombre y me representa.

Esa lucha podía trasladarse a un lienzo formando un garabato... que no era otra cosa que el nudo que me impedía tragar con fluidez los pensamientos que cruzaban mi cabeza. Y ahí estaba… en una primera fila intentando ver mi aparición.

Tal vez no tenía claro cuales eran mis sueños, o quizás lo tenía tan claro que no podía verlo con claridad. Para ser más concretos, cualquier luz, por pequeña que sea, genera siempre una sombra (es importante saber que también funciona al contrario), y la sombra de mi claridad era el temor de que al paso de los años la luz que encendí una vez, no hubiese avanzado conmigo, al mismo ritmo, y desde aquel punto situado, yo en ese futuro, no podría ver lo que en aquella oscuridad ya había imaginado. Creo que mi error tan sólo era, que el futuro siempre lograba alzar más la voz que el presente. Pero uno no puede vivir siendo futuro, tiene que vivir donde está su cuerpo, y éste… lo hace en un solo tiempo, en un sólo adverbio: hoy. Y en lugar de ser “mañana” el motor de mi presente… se convertía en unos zapatos con los cordones atados entre sí que al ímpetu de mis deseos de caminar, provocaban mi caída.

Menos mal que siempre he sabido de mi último recurso ante mis propias desapariciones en mi vida. Cuándo estoy perdida, cuando no se escucha nada… permanezco en profundo silencio, hasta que distingo mis latidos y a él le pregunto “¿Qué te pasa?, ¿qué necesitas?”, a veces la segunda pregunta hay que formularla primero, pues sabiendo lo que necesitas puedes intuir el motivo, lo que te sucede. Yo necesitaba que el tiempo se parase, que fuese un acompañante con el que uno sale a pasear adaptando el ritmo de sus pasos. Sólo así se puede hablar, escuchar, disfrutar… alejar preguntas sin sentido o simplemente caer en la cuenta de que no todo tiene porqué tener respuesta, y que algunas se consiguen únicamente caminando, al paso. Cuando un pie permanece en el suelo y el otro se levanta para adelantarse.

Pensar que era yo la que tenía que acelerar su paso para ir acorde con el sol de cada día, me agobiaba, el tiempo es uno, igual que la vida, así que la que debía correr era yo. Pero, un momento, yo también soy una, y cada persona tiene su ritmo. Mi ritmo de latir era otro, más lento, aunque mi cabeza triplicase a veces su velocidad. Creo que ya se lo que sucede, no temo al tiempo, sino a aquello que considero fundamental en la vida, imprescindible para sentirme más viva. Yo temía no encontrarlo, o hacerlo demasiado tarde y no poder disfrutarlo. Apuntad este fallo común: tomarse las oportunidades tan a pecho como para convertirlas en grandes responsabilidades. La vida es nuestra oportunidad, yo sólo quiero que tú, estés en ella y entonces, ese será el momento en el que presente y futuro se estrechen la mano y conversen al mismo tono.

No se tú pero… si al final del camino no te veo por la oscuridad, dicen que siempre… hay una segunda oportunidad.


LJB

domingo, 29 de mayo de 2011

AL DESNUDO

"Desnudarse" es una acción que requiere plena confianza, no sólo ante los que te ven, sino ante uno mismo. "Desnudarse" es quitarse una prenda, que una vez recogida para volver a vestirte, ya no logra ocultarte.

Cada palabra desprendida de tu boca es algo que se desprende en tu interior. No hay tiempo para pensar. Uno sopesa la construcción del escudo que le protege… se lo coloca, se acostumbra a él, y en el momento indicado lo tira al suelo. Porque las palabras, esa erupción de los pensamientos que sentimos, necesitan escapar para posarse en algo o quedarse, tal vez, suspendidas en el aire. Las inspiramos y del mismo modo necesitamos espirarlas.

Sin embargo, lo que más le desconcierta… no es sólo su desnudo en aquella habitación del olvido, donde el suelo cubierto de prendas, no volverán a ocultarle. Sino los ojos que tiempo atrás… ya le habían visto desnudarse.

sábado, 16 de abril de 2011

PACTO PARA NO PACTAR

Hagamos un pacto para no pactar. Sí, ya sabes a que me refiero, para establecer lo que no queremos que quede establecido.
Seamos apariencia, seamos la mejor unión que haya habido durante unas horas, la pieza del puzzle que encaja a la primera. Seamos amigos inseparables sólo cuando nos veamos. Propongo… que nos comprendamos sin esfuerzo, y si no nos entendemos, que nos riámos y nos complementemos. Yo te propongo que no nos importe nada durante unas horas. Y que cuando nos despidamos, no nos importemos.

Que seamos lo que somos, aunque sea aparentemente. La unión perfecta que se permite separarse y volver a juntarse sin el mínimo conflicto. Que peguemos igual que la primera vez aunque en tantas ocasiones nos hayamos despegado. No es tan difícil, todo el mundo sabe mentir y mentirse.

Elijamos cómo y cuándo queremos importarnos. Y que todo lo que nos una sea también lo que nos desuna. Sí, como un interruptor. Un botón que accionas o no. Seamos en las despedidas un nacimiento. Un bebé sin sentimientos aún forjados. Crezcamos y cuando notemos algo, retrocedamos a ese bebé que aún desconocía y le quedaba tanto por descubrir.

Sólo propongo la libertad. Liberarnos de cualquier cosa que pueda dañarnos. Pero… no te voy a mentir. Cada vez resulta más complejo volver a ser ese bebé que era libre en el mundo que todavía no conocía. Temo que algún día no podamos retroceder.
Hagamos un pacto para no pactar, un pacto con dos caras: la libertad en una, y en la otra, el miedo de la vulnerabilidad. El pánico de los mortales, el susto de lo natural.

Sí, ya lo sé, ¿para qué vamos a engañarnos? No hay pactos para deshumanizarse. No existen. Pero es curioso, si cada despedida es un nacimiento, como “parto” pactado, ni siquiera ese milagro… está libre de dolor.

miércoles, 16 de marzo de 2011

LIBERTAD

Libertad era todavía pequeña, pero como todos, con cierta edad soñamos con hacernos mayores, y en un intento por vernos, nos imaginamos gozando de los privilegios de la edad que anhelamos. Pero eso sí, siempre, siendo nosotros mismos.
Ella no quería cambiarse por nadie en el mundo, ni siquiera por sí misma pasados unos años. Lo que desconocía, es que por mucho que desease ser igual, nada lo sería: su situación, su rostro, su mente, sus sueños…

Todo crece y cambia con nosotros. Libertad ya era adulta, sin embargo, empeñada en ser más y más grande, sus esfuerzos por liberarse de cualquier atadura no cesaban. La verdad es que siempre necesitó a quienes le rodeaban. Necesitaba sentirles, no sólo conocer su paradero y ser consciente de su confianza y de su ayuda en momentos puntuales. Hasta que logró comprender que los demás eran también ella. Pequeñas libertades que aunque de vez en cuando dependiesen del resto, seguían siendo independientes.

Comprendido esto, el tiempo, libre desde su invención, siguió pasando ajeno a quienes caminan por su línea. Una línea que a veces más delgada, dificulta nuestro paso, avanzando por ella de puntillas, sin a penas darnos cuenta de las cosas. Otras, mucho más ancha, nos permite apoyar bien los pies, dejando profundas huellas, recuerdos, vivencias que asumimos despacio.

Libertad conocía bien el tiempo en el que se movía. Un tiempo que cada vez más, disfrutaba con ella misma empeñada en hacerse más y más grande, en ser… más y más libre. Ella misma, su propia atadura, su nudo definitivo. Todo ocurría muy de vez en cuando. Los acontecimientos se iban dispersando en el calendario junto con su libertad.

Y un día, Libertad despertó, se miró al espejo y se vio como siempre anheló verse: GRANDE, inmensa. Ni siquiera podía verse en sus muñecas antiguas ataduras. Por fin, ya era totalmente ¡LIBRE!. Nada ni nadie la ataban. Libertad era tan libre y tan grande… como su soledad.