jueves, 22 de julio de 2010

A TREINTA CENTÍMETROS DE TI

Treinta centímetros. La distancia eterna y más breve cuando nos conocimos. El espacio que nos separaba por la timidez y escasez de confianza era el mismo que dibujaba una fuerte línea de tu pecho al mío. El vacío de aquella distancia nunca había estado tan lleno… y nunca lo estaría.

Cualquiera que nos vea ahora, pensará que no nos hemos movido ni un ápice de aquella tarde. Sin embargo como el oyente que acaba de sintonizar la emisora, no sabe de qué se habla, y en su mente mantendrá su último recuerdo con la continuidad quebrada. Esos treinta centímetros no han cambiado nada pero lo han cambiado todo, llenándose de ceros a la derecha.

Hoy, seguimos manteniendo el mismo espacio, pero nosotros ya… no ocupamos el mismo lugar. La distancia más corta que sucedió sin darnos cuenta, es el punto final a un punto y seguido que no supo cómo seguir, haciéndose suspensivo.

Tu mirada frente a la mía permanece congelada, como el tiempo, como esos sentenciadores segundos. Esta vez, mis ojos te reconocen, y pese a los años… lo único que no nos separa de aquel principio es la timidez.

El dichoso nudo en la garganta es una manguera enredada, que nada tiene que hacer ante la presión del agua. La presión que busca las ventanas de mis ojos mientras un coche de bomberos se afana en extinguir las llamas que no arden.

Tal vez no compartas ni entiendas nada. Pero permíteme que golpee la puerta de esa habitación en la que comienza tu mundo, donde puedes volar entre todo, que es entre nadie; donde no te tienes que preocupar por esos centímetros que dibujan la línea discontinua que te une y separa en igualdad de aquellos que alguna vez, quiero creer, te importaron. Esa línea es tu ancla (al igual que aquel día), mientras permaneces inmóvil o inconsciente quizás, ante lo que algunos te brindamos por quererte.

Vuelvo al principio para jugar a desconocerte. Recorro todo lo andado este tiempo, me sitúo a tu lado para despedirme en el momento en que te conocí. Con el mismo espacio, con la misma frase, te sonrío por última vez: “Encantada de conocerte” –pronuncio mientras desaparezco… a treinta centímetros de ti.

1 comentario:

  1. Me a encantado.

    "Hoy, seguimos manteniendo el mismo espacio, pero nosotros ya… no ocupamos el mismo lugar. La distancia más corta que sucedió sin darnos cuenta, es el punto final a un punto y seguido que no supo cómo seguir, haciéndose suspensivo. "

    Precioso... y triste a la vez.
    Quien no se a dado cuenta en todo este tiempoq eu los 30 centimetros se podian convertir en 15 o en 2, esque no se merecia tener una regla a mano, ¿no?
    Ademas, que regla ni que regla... siempre a sido mas de dibujo a mano alzada, ¿verdad?

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