martes, 3 de julio de 2012

DEBER SIN RAZONES

Uno no se da cuenta de que está vivo hasta que escucha sus latidos. Cuando lo haces descubres que hay alguna razón por la que lates, por la que ese corazón que reproduce repetidamente su sonido es tuyo y no de otro.

Sientes como si te siguieses desarrollando en un embarazo que dura la vida que tienes por delante. Y aunque no sabes porqué estás aquí, ese latido te recuerda que debes estarlo. Ese "deber" sin razones, "debe" dotar de significado a la vida que no trata de explicarse. A la vida que es ese continuo presente que finaliza el día de nuestro "segundo" parto.

martes, 6 de diciembre de 2011

SUPERHÉROES

Todas las caras me parecen irreconocibles. Creo que nunca las he visto, aunque cada mañana me reencuentro con ellas y sus miradas infinitas. Esas que pasan por encima de todo, atravesando paredes incluso… personas. Yo digo que tienen esa mirada de superhéroe que posibilita la visión a través de la materia ¡Caray! La de cosas que vemos y escuchamos desde lejos. Sí, yo también las escucho. No recuerdo cuando me convertí en uno de ellos. Sólo se que ahora tengo la capacidad de intuir voces. A saber a cuánta distancia están, a metros o tal vez a ¡kilómetros! Es fascinante escucharlas como un eco. Un eco que te pregunta “¿cómo estás?” o te avisa con cierta musicalidad: “¡no te duermas! ahora no…

Si llego a saber que tengo este don antes, ¡lo que me hubiese ahorrado en facturas telefónicas! Aunque, mi parte de superhéroe me dice que hoy, todo es diferente. Y hay distancias que resultan insalvables ¿Pero qué queréis que os diga? Si son insalvables, todavía me sorprendo más de escucharlas.

Somos otra clase de superhéroes. Sí, porque después de estar un tiempo observando todos los días… yo no diría por ejemplo, que a mi compañero Antonio, con sus dos piernecillas y sus tres dientes, sólo le falta el rizo y la capa para parecerse a Supermán. Por mucho que él diga que volará.

“Todavía no, pero se que pronto volaré. Ríete, tú ríete, pero volaré y desde lo alto te daré los buenos días:
“¡¡¡Paaaaco!!!, ¿qué? ¿cómo va la mañana?, ¡¿todavía tomando el sol?! ¡Pues yo vengo de comprar el pan!, que ya fui a casa de mi hijo a ver a mis nietos después de tumbar en el bar a unos cuantos con la partidita de dominó y de asomarme por la iglesia del pueblo. Sí, sí, ya se que está en lo alto del monte, pero como ahora voy volando ¿sabes? Llego pronto ¡a tos laos! y ¡ni me canso ni ná, Paco! ¡Que esto de tener alas rejuvenece! ¡Mira que piernas! (muestra unas piernas enquencles)

Comienza un nuevo día. Y pienso que Antonio tiene más razón. Yo también siento que volaré. Siento mi mirada de superhéroe infinita, atravesándolo todo, mirando lo que hay detrás del rostro de quienes cariñosamente me visitan. Y detrás, a veces está mi pasado. También adquirimos ese poder. Hacer presente cosas que pasaron hace mucho. Y las vivo de nuevo. Una mano acaricia mi brazo y dice “Eso fue hace mucho tiempo papá” pero yo estoy allí, lejos del origen desde el que se emite esa voz. Es extraño, porque a la vez su voz es la cuerda cálida que me tensa y me hace presente ¡Y cómo lo agradezco!, es importante cuando te alejas sentirte cerca.

Cada día soy más fuerte. Y mi capa me hace más ligero. Volaré y se que mi destino es proteger a los míos, como superhéroe en los que todos nos convertimos.
Un rayo de sol me baña por las mañanas. Cierro los ojos para sentirlo con todo mi cuerpo. Sonrío. Seré tu sol todos los días. Comienzo a desplegar mis alas. Y me hago infinito… para permanecer siempre. Como las miradas… como el cielo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Fotografía silenciosa

Los recuerdos no se pueden robar. Pero sí, hacerlos propios. Le inmortalicé en aquel instante. Le hice una foto a escondidas, sin cámara. Mientras hablábamos, reíamos y le miraba a los ojos. De haber visto la intención de fotografiarle, tal vez no se hubiese dejado. De lo contrario quizás se hubiese oprimido la naturalidad de aquella imagen.

Así que ahí quedó en el momento escogido… congelada su sonrisa. Su olvido es mi recuerdo, pues no existe el vacío de algo que no supimos que cedimos. No existe si los instantes se quedan lejos de los juegos que proponen encontrar las siete diferencias. En cambio… yo podría encontrar las ocho.

Podemos decir que mi memoria está llena de fotos silenciosas, de posados “robados” que nunca fueron posados. Y así escribí mi historia, mis paseos, mis momentos. Así fui dándole forma a palabras sin consonantes ni vocales. Palabras en las que no caben significados por todo lo que significan.

A veces la vida es esa otra que insertamos dentro de la misma y que queda fuera de ella.
Y mientras permanezco en esa dimensión, camino por ti. Admiro el paisaje, lo respiro, lo vivo. Me agacho para coger algo que me parece agradable, y como una flor, la huelo y la giro entre mis dedos. Me da igual si tú corres por mí. Yo sólo se pasear, olvido la velocidad, y los relojes... el tiempo.

Creo que sí, soy esa conformista que se siente afortunada por conformarse con vacíos. Pero sin ellos, no hubiese inventado esta forma de conservarte. Tal vez, no hubiese descubierto que las mejores fotografías son las que no se hacen. Las que permiten los retoques del alma. Las que permiten finalizar historias… que nunca comenzaron.

miércoles, 26 de octubre de 2011

POR UN INSTANTE

[Os dejo el enlace de una interesante página: "MUJER" http://www.rinconmujer.com/]



Un instante se recuerda si te ha causado el suficiente impacto como para que lo conserves en la memoria. Lo que no llama tu atención, se va a algún lugar perdido. Un lugar en el que alguna que otra vez, te encontrarás si te sientes parte de una pieza de un mundo que vaga solo. Por el que todo ocurre y nada pasa. Una especie de mundo fantasma en el que te miras… sin verte. Porque en ese momento el fantasma, el transparente, el que ha perdido su cuerpo y atraviesa las calles y las paredes, eres tú.

Entonces piensas, en todas aquellas personas que te rodean ahora y en las que te rodearon. Y te das cuenta, de que muchas terminan desapareciendo de puntillas, sin apenas hacer ruido. Otras en cambio, reúnen a una orquesta antes de marcharse. Una orquesta que desafina. Pero te dejaron notas, canciones, letras que te escriben y más adelante, te describen.

Siento simplificar tanto el tiempo, pero todas ellas, cada una de esas personas, incluyéndome… fuimos un instante. Incluso, las que lleguen, serán un instante. Nuevo, diferente, un instante que sumar.

Con suerte, algunas pasarán a ser un momento, ¿porqué no intentar que quienes nos causen impacto, sean cada día ese momento? Pero todo tiene sus reglas, sus complicaciones, y si una persona te impacta por segunda vez, bueno. Asegúrate de que no lo haga desde el interior. La magnitud del impacto es directamente proporcional al recuerdo.

Pero nunca, nunca olvides, la fugacidad de los sucesos. Y si la estela que dejan tras su paso es tu cicatriz, recuerda que es la naturaleza de las cosas. Imagínate lleno de cicatrices… somos un puzzle viviente, un rompecabezas, llevamos con nosotros pedacitos de quienes conocimos, quisimos o quisimos no conocer. Los puzzles tienen sus piezas ya hechas, sus formas adaptadas. La ausencia de una de ellas es el vacío opuesto en la otra. No hay manera de cambiarlo. Para hacer ese puzzle tuvieron que coincidir. Creo que casi todos tenemos nuestro disfraz interno. Me atrevería a decir que somos pequeños Frankestain. Todos hechos de todos. Y sí, algunos hasta tenemos ese tornillo en la cabeza que nos da ese aspecto de locos pero que con él o sin él, lo seguimos estando. No se equivocaron de tornillo, se equivocaron de lugar, no es la cabeza lo que se nos desboca. No es la cabeza lo que me hace simplificar el tiempo, o peor, a las personas en el tiempo. Puede que sólo seamos ese instante en la vida de todos y lo que importe en verdad… sea el impacto.

Quizás haya que centrarse en impactar, en ser como una lluvia de meteoritos que llega a las demás vidas. Una lluvia que sobrevuela las cabezas, para que la vivas justo ahí, y su espectáculo de luces sea el impacto que te haga retenerla en tu retina y nunca olvidarla. Una lluvia que no te alcanza, “impacta” sin hacerte daño, sin dejarte cráteres, vacíos.

Si todos somos un instante, yo me reprocho el mío ¿A quién intentamos engañar, todos pasamos fugaces, pero queremos ser momento, algo más que un instante. Permanecer…

domingo, 25 de septiembre de 2011

AL FINAL DEL CAMINO

[Os dejo el enlace de una interesante página: "MUJER" http://www.rinconmujer.com/]


Está claro que somos la suma de varias partes, que eso constituye nuestro todo.
Pero no me había dado cuenta hasta este momento cuando sentí que mi “yo futuro” interrogaba a mi presente, que éste, que siempre se había movido despacio, siguiendo el saludo y la despedida del sol cada día, conversaba ahora con lo que a veces, en nuestros propios guiones, debería suceder.

Cuando dos partes de ti discuten, intentas encontrar un punto de reconciliación, poner un poco de cordura en la propia locura. El presente se agobia por la prisa del futuro y éste último se desespera por la parsimonia del primero. Lo común, es que ambos se desesperan. Lo hacen por encontrarse, por estrecharse la mano, pero saben que son como dos líneas paralelas, siguiendo la misma dirección, dibujando trayectorias similares. Una especie de líneas paralelas que pertenecen a una sola. Una sola línea que lleva mi nombre y me representa.

Esa lucha podía trasladarse a un lienzo formando un garabato... que no era otra cosa que el nudo que me impedía tragar con fluidez los pensamientos que cruzaban mi cabeza. Y ahí estaba… en una primera fila intentando ver mi aparición.

Tal vez no tenía claro cuales eran mis sueños, o quizás lo tenía tan claro que no podía verlo con claridad. Para ser más concretos, cualquier luz, por pequeña que sea, genera siempre una sombra (es importante saber que también funciona al contrario), y la sombra de mi claridad era el temor de que al paso de los años la luz que encendí una vez, no hubiese avanzado conmigo, al mismo ritmo, y desde aquel punto situado, yo en ese futuro, no podría ver lo que en aquella oscuridad ya había imaginado. Creo que mi error tan sólo era, que el futuro siempre lograba alzar más la voz que el presente. Pero uno no puede vivir siendo futuro, tiene que vivir donde está su cuerpo, y éste… lo hace en un solo tiempo, en un sólo adverbio: hoy. Y en lugar de ser “mañana” el motor de mi presente… se convertía en unos zapatos con los cordones atados entre sí que al ímpetu de mis deseos de caminar, provocaban mi caída.

Menos mal que siempre he sabido de mi último recurso ante mis propias desapariciones en mi vida. Cuándo estoy perdida, cuando no se escucha nada… permanezco en profundo silencio, hasta que distingo mis latidos y a él le pregunto “¿Qué te pasa?, ¿qué necesitas?”, a veces la segunda pregunta hay que formularla primero, pues sabiendo lo que necesitas puedes intuir el motivo, lo que te sucede. Yo necesitaba que el tiempo se parase, que fuese un acompañante con el que uno sale a pasear adaptando el ritmo de sus pasos. Sólo así se puede hablar, escuchar, disfrutar… alejar preguntas sin sentido o simplemente caer en la cuenta de que no todo tiene porqué tener respuesta, y que algunas se consiguen únicamente caminando, al paso. Cuando un pie permanece en el suelo y el otro se levanta para adelantarse.

Pensar que era yo la que tenía que acelerar su paso para ir acorde con el sol de cada día, me agobiaba, el tiempo es uno, igual que la vida, así que la que debía correr era yo. Pero, un momento, yo también soy una, y cada persona tiene su ritmo. Mi ritmo de latir era otro, más lento, aunque mi cabeza triplicase a veces su velocidad. Creo que ya se lo que sucede, no temo al tiempo, sino a aquello que considero fundamental en la vida, imprescindible para sentirme más viva. Yo temía no encontrarlo, o hacerlo demasiado tarde y no poder disfrutarlo. Apuntad este fallo común: tomarse las oportunidades tan a pecho como para convertirlas en grandes responsabilidades. La vida es nuestra oportunidad, yo sólo quiero que tú, estés en ella y entonces, ese será el momento en el que presente y futuro se estrechen la mano y conversen al mismo tono.

No se tú pero… si al final del camino no te veo por la oscuridad, dicen que siempre… hay una segunda oportunidad.


LJB

domingo, 29 de mayo de 2011

AL DESNUDO

"Desnudarse" es una acción que requiere plena confianza, no sólo ante los que te ven, sino ante uno mismo. "Desnudarse" es quitarse una prenda, que una vez recogida para volver a vestirte, ya no logra ocultarte.

Cada palabra desprendida de tu boca es algo que se desprende en tu interior. No hay tiempo para pensar. Uno sopesa la construcción del escudo que le protege… se lo coloca, se acostumbra a él, y en el momento indicado lo tira al suelo. Porque las palabras, esa erupción de los pensamientos que sentimos, necesitan escapar para posarse en algo o quedarse, tal vez, suspendidas en el aire. Las inspiramos y del mismo modo necesitamos espirarlas.

Sin embargo, lo que más le desconcierta… no es sólo su desnudo en aquella habitación del olvido, donde el suelo cubierto de prendas, no volverán a ocultarle. Sino los ojos que tiempo atrás… ya le habían visto desnudarse.

sábado, 16 de abril de 2011

PACTO PARA NO PACTAR

Hagamos un pacto para no pactar. Sí, ya sabes a que me refiero, para establecer lo que no queremos que quede establecido.
Seamos apariencia, seamos la mejor unión que haya habido durante unas horas, la pieza del puzzle que encaja a la primera. Seamos amigos inseparables sólo cuando nos veamos. Propongo… que nos comprendamos sin esfuerzo, y si no nos entendemos, que nos riámos y nos complementemos. Yo te propongo que no nos importe nada durante unas horas. Y que cuando nos despidamos, no nos importemos.

Que seamos lo que somos, aunque sea aparentemente. La unión perfecta que se permite separarse y volver a juntarse sin el mínimo conflicto. Que peguemos igual que la primera vez aunque en tantas ocasiones nos hayamos despegado. No es tan difícil, todo el mundo sabe mentir y mentirse.

Elijamos cómo y cuándo queremos importarnos. Y que todo lo que nos una sea también lo que nos desuna. Sí, como un interruptor. Un botón que accionas o no. Seamos en las despedidas un nacimiento. Un bebé sin sentimientos aún forjados. Crezcamos y cuando notemos algo, retrocedamos a ese bebé que aún desconocía y le quedaba tanto por descubrir.

Sólo propongo la libertad. Liberarnos de cualquier cosa que pueda dañarnos. Pero… no te voy a mentir. Cada vez resulta más complejo volver a ser ese bebé que era libre en el mundo que todavía no conocía. Temo que algún día no podamos retroceder.
Hagamos un pacto para no pactar, un pacto con dos caras: la libertad en una, y en la otra, el miedo de la vulnerabilidad. El pánico de los mortales, el susto de lo natural.

Sí, ya lo sé, ¿para qué vamos a engañarnos? No hay pactos para deshumanizarse. No existen. Pero es curioso, si cada despedida es un nacimiento, como “parto” pactado, ni siquiera ese milagro… está libre de dolor.

miércoles, 16 de marzo de 2011

LIBERTAD

Libertad era todavía pequeña, pero como todos, con cierta edad soñamos con hacernos mayores, y en un intento por vernos, nos imaginamos gozando de los privilegios de la edad que anhelamos. Pero eso sí, siempre, siendo nosotros mismos.
Ella no quería cambiarse por nadie en el mundo, ni siquiera por sí misma pasados unos años. Lo que desconocía, es que por mucho que desease ser igual, nada lo sería: su situación, su rostro, su mente, sus sueños…

Todo crece y cambia con nosotros. Libertad ya era adulta, sin embargo, empeñada en ser más y más grande, sus esfuerzos por liberarse de cualquier atadura no cesaban. La verdad es que siempre necesitó a quienes le rodeaban. Necesitaba sentirles, no sólo conocer su paradero y ser consciente de su confianza y de su ayuda en momentos puntuales. Hasta que logró comprender que los demás eran también ella. Pequeñas libertades que aunque de vez en cuando dependiesen del resto, seguían siendo independientes.

Comprendido esto, el tiempo, libre desde su invención, siguió pasando ajeno a quienes caminan por su línea. Una línea que a veces más delgada, dificulta nuestro paso, avanzando por ella de puntillas, sin a penas darnos cuenta de las cosas. Otras, mucho más ancha, nos permite apoyar bien los pies, dejando profundas huellas, recuerdos, vivencias que asumimos despacio.

Libertad conocía bien el tiempo en el que se movía. Un tiempo que cada vez más, disfrutaba con ella misma empeñada en hacerse más y más grande, en ser… más y más libre. Ella misma, su propia atadura, su nudo definitivo. Todo ocurría muy de vez en cuando. Los acontecimientos se iban dispersando en el calendario junto con su libertad.

Y un día, Libertad despertó, se miró al espejo y se vio como siempre anheló verse: GRANDE, inmensa. Ni siquiera podía verse en sus muñecas antiguas ataduras. Por fin, ya era totalmente ¡LIBRE!. Nada ni nadie la ataban. Libertad era tan libre y tan grande… como su soledad.

lunes, 28 de febrero de 2011

VOZ

Todo estaba en absoluto silencio o al menos parecía estarlo. Mi boca sellada cosía mi voz por dentro, mis palabras. Tiraban de ellas que se afanaban por salir, pero cuanto más creía cosidos los hilos que las secuestraban… sucedió. Salió mi voz. Abrí la boca y la dejé escapar. El caos que llevaba dentro se estabilizó en el instante en que me escuché. Entonces lo entendí, por muy atacada que estuviese, por mucho que desconfiase de mi capacidad para emitir, la paz volvió y pude sentir que mi voz, la voz, la de todos, es el arma más poderosa de la que disponemos.

Por sí sola, sin las palabras. Ese simple sonido va desde la vida hasta la misma muerte. Una silenciosa habitación en la que irrumpe el débil sonido de quien creíamos perdidos, ahora significa la vida, la esperanza; O tal vez la misma habitación y la idéntica voz débil de quien creemos abatido, nos confirme nuestros peores temores. De esta forma, como si de un guante tirado se tratase, las palabras esperan a que la fría mano las busque para darles cuerpo. Y la voz va cubriendo cada uno de los huecos vacíos de los dedos de aquel guante, antes insignificante.

Somos la palabra. Quienes la disparamos, quienes matamos con ella o damos la vida al reconocer el sonido de aquellas otras palabras que nos resucitan… cuando nos creemos muertos.

domingo, 5 de diciembre de 2010

NAVIDAD

Navidad. Esa época que tanto difiere entre niños y adultos. Un mismo mes visto desde unos ojos adultos que una vez vieron… sintieron como un niño. Y eso es lo que nos importa. En cambio, ese niño presenciará la navidad como un adulto, cuando el tiempo decida que debe hacerlo. Pero eso, no es lo que le importa. La lógica del pequeño es mayor que la de los mayores. Lo que no existe porque aún no se ha dado, se ignora.

Diciembre está lleno de luces de colores que saludan, de juguetes que aún sin tenerlos ya generan el cosquilleo de la ilusión, de la magia. Diciembre son abuelos, primos, tíos, padres, amigos. Para ellos es el mes que confirma lo que llevan creyendo siempre: que lo fantástico existe.

Para nosotros, la cosa cambia un poco. Es la fecha del calendario que nos da otra oportunidad para seguir creyendo en el dibujo de los sueños que antes pintábamos, y que ahora es un trazo. El mismo trazo que año tras año repasamos con la esperanza de que un día cambie y adquiera los colores que de pequeños, le hubiésemos dado con nuestra caja de lápices.

A veces diciembre se enfría, y aprieta el viento de la nostalgia, nos dibuja en calles vacías donde respiramos la alegría de los demás. Nos alimentamos de la compañía de los otros, de sus sonrisas, de sus corazones llenos que se permiten volar aún más en los días últimos que zanjaran otro año.

Con esos pensamientos, el joven se acercó a un escaparate en el que asomaba una bola de cristal de esas que se agitan dejando caer la nieve. El reflejo de casi toda la calle se podía ver en aquel objeto de la infancia. Deseó estar allí dentro y formar parte de lo que había fuera, pero donde pese a estar allí mismo, no podía sentirse dentro.

Así fue como año tras año tuvo la navidad que deseaba. Viendo las caras de otros adultos que como él, se acercaban a aquella bola. Una joven alegre y aparentemente normal, se podía ver al otro lado del cristal. Era la primera vez que el muchacho deseaba más que nunca estar donde, pese a no encontrar su lugar, era su sitio. Golpeó con fuerza para romper el objeto.

Se despertó sobresaltado en el banco de la plaza. Vio el escaparate y se acercó. Allí estaba ella, la joven del sueño, admirando como él aquel juego de nieve atrapado en el cristal, con la nostalgia infantil propia de los adultos que desean lo que nadie puede traerles. Entonces, la bola se convirtió… no en el objeto deseado, sino en el cristal que en lugar de separarlos, aquel mes de diciembre, les había unido por el resto de las navidades.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Y MAÑANA... ¿PODRÁS VERTE?

¿Porqué hay personas que son incapaces de imaginarse en un futuro?, debe de haber una razón. Y mientras la buscas, una sensación de temor te invade. ¿Es por simple falta de imaginación o proyección? ¿O quizás porque nuestro destino no llega más allá de hasta donde somos capaces de vernos? Mientras piensas esa idea, parece que la alimentas. Es sumamente fácil engordar lo malo. Es como si nuestras habilidades estuviesen más desarrolladas para pensar en lo que nos asusta y al contrario sucede con lo bueno, éste es como un estómago reacio a incrementar su peso por más comida que le añadas.

Estoy segura de que la solución a muchos problemas es el mismo causante de ellos: el tiempo. El causante de la incredulidad con el paso de los años, de la desconfianza, del desánimo, de la desesperanza que, afortunadamente, siempre vuelve a esperanzarnos. La esperanza uno la pierde cuando después de tanto vivido, la vida le supera. Supongo, que debe ser como un instante de máxima locura en el que te reduces a nada y sientes que todo es en vano, que tu fe, tu esfuerzo, tu lucha, no se recompensa. Quién sabe, podrían considerar a los que permanecen internados con sus delirios, eternos desesperanzados. Porqué no afirmar que todos hemos sido en algún momento, almas desesperanzadas.

Puede que no creamos en ningún dios, pero puedo afirmar que en “algo” (aunque no sepamos qué) creemos. El ser humano actúa movido porque la vida (que respira como nosotros) le vea y le escuche y cuando más lo necesitamos, nos toque dándonos una palmada en la espalda, que se manifiesta en un hecho, en algo que anhelamos, esperábamos y que, suspirando agradecemos a dios (o a lo que creamos) que nos haya sucedido.

El tiempo… el tiempo es una cadena de manos que ciertas veces hemos deseado romper para unirnos a otra, que nos sitúa en otro momento, que nos permite volver a decidir, a escoger, y a estar junto a otras manos que de otra forma no sería posible. Pero el tiempo se mueve en una sola dirección, la misma en la que debemos caminar. El resto… el resto queda grabado en nuestras cabezas, para que le echemos un vistazo, para interiorizar lo que aprendimos. El tiempo lo es todo, nuestra ilusión, decepción, es la línea en la que todo tiene cabida. En la que existimos, y si fuese posible retroceder, hasta devolveríamos la vida a personas que quisimos, coincidiendo con ellas de nuevo o, dejando de existir nosotros.

Pero ¿porqué hay quienes no logran verse en un futuro?, creo que es por el poder que generan las ideas, que han sido condicionadas por nuestras experiencias, que generan expectativas, que por temor a no cumplirse y a la decepción hacen que optemos por no poder imaginarnos en lo que para nosotros sería, la palmada más grande que en la espalda, calurosamente… la vida nos diese.

lunes, 15 de noviembre de 2010

OTRO CALENDARIO

Aquellos pies corrían para estar siempre en la orilla, esperando a que la última ola, que nunca rompía, le alcanzase. Un mar en eterno movimiento que parecía no llegar a él pese a estar allí mismo, formando parte de su brisa, de su sal.

A veces la vida se muestra así. Y a veces el temor no es cumplir años, sino alcanzar esa edad sin nada de lo que imaginaste. Edades distintas y sin embargo, las mismas velas, el mismo pastel, el día más diferente e idéntico a los restantes del año. El calendario se convierte en una incertidumbre de la que estamos seguros. Pocas veces la seguridad nos da miedo. Si Alex miraba el calendario de un año, del otro, del siguiente a ese otro, y del siguiente al siguiente… era como si estuviese ante la visión de lo que verdaderamente son: Espacios vacíos que esperan llenarse, que esperan suceder. Pero para cobrar vida no basta con que uno la tenga.

Pese a todo, aunque le pareciese que nos acostumbrábamos a nuestra soledad, incluso aunque temiésemos quererla, jamás lo haríamos. Porque lo que hace que soportemos la soledad, es la esperanza del momento en el que aquella ola moje nuestros pies; y aquellas velas sean la luz de lo que anhelamos cuando somos la brisa que las apaga. Cuando soñabas con soplar esos futuros años que iluminaban en nuestra tarta favorita, la ilusión de quienes seríamos.

sábado, 30 de octubre de 2010

EL CABALLERO DE LA ARMADURA

Se abría paso entre la gente, con la cabeza alta, con el corazón frío. Estaba tan acostumbrado a dar pasos en falso que aquello le fortalecía, y si el suelo no se resquebrajaba a su paso entonces asomaba la duda del débil que se endurece. Que temple, que fuerza, nada podía traspasarle. Tal vez sí las espadas pero no las palabras. No aquellas que te disparan de lleno impidiéndote dar respuesta alguna. Porque hay palabras que a pesar de apuntar a la misma zona, te reviven o te causan una herida fatal.

¡Ay las palabras!, las heridas… las heridas fatales y su recorrido. Las hay fatales desde el primer momento y fatales finales; son las que se infectan y se tornan incurables. En ambas hay sufrimiento, pero en las segundas éste adquiere otras formas y se prolonga afectando a nuestra actitud, a nuestras ilusiones y a lo que somos: esperanza.

Así el guerrero se va armando de pies a cabeza. Lo que él no sabe es que a cada armadura externa le corresponde una interna y más difícil de quitar. El guerrero que de los demás se defiende se convierte en guerrero de sí mismo, en víctima de las palabras que sólo nos permitimos sentir aquella vez. Estuvimos tan cerca de lo que quisimos que volver a acercarse supondría el suicidio. Y por ello nos mandamos a la “nada” de una patada, flotando entre el deseo, entre el calor que no tuvimos y que ahora sólo nos permitimos intuir.

Es la forma más estúpida de creerse a salvo condenándose. Pero es una creencia en vano que nos calma por el hecho de no llevar nuestro nombre susurrado ni una mano hacia nuestro pecho. No es ninguna persona y nosotros no somos nada en ella. Estamos perdidos… pero no lo estamos en alguien, sino en nosotros mismos, y eso, aunque pueda parecer ridículo, nos da seguridad.

Él era un caballero de la armadura que como yo se abría paso. No porque nos temiesen, sino porque los demás eran caballeros de armadura repletos de heridas fatales, impenetrables pero igualmente vulnerables que creyéndose a salvo… se abrían a su vez, paso entre nosotros.

sábado, 23 de octubre de 2010

ILUSIÓN ¿LA TEMES O YA HAY TEMOR EN ELLA?

Como si corriesen de un lado a otro, centenares de hormigas jugaban en su estómago. Hormigas, mariposas… Éstas últimas eran más para los enamorados. Él prefería hacer alusión a esas incansables trabajadoras cuando se trataba de la sensación de “hormigueo”.

Seguro que como él, has sentido esas cosquillas tan diferentes de las que provocan carcajadas. Tantas veces experimentando la ilusión y nunca se había dado cuenta de que uno de sus componentes, aunque en poca proporción, es el miedo.

No asociamos jamás ilusión con miedo porque ésta es una emoción positiva que se relaciona directamente con el sentimiento de alegría y bienestar. Pero piénsalo. Cierra los ojos y dime, ¿de dónde viene el hormigueo que provoca esa adrenalina? En la ilusión hay lugar para la incertidumbre, no es una meta. Es el camino hacia ella. En ella no permanecemos quietos para disfrutar. Nos movemos disfrutando y disfrutamos porque caminamos soñando, porque sabemos que tenemos la posibilidad de alcanzar lo que anhelamos.

Mientras más aumenta esta emoción, más aumenta la adrenalina que generamos ante el desafío del sueño. Y cuando la luz se hace intensa y la meta está a la vista, la sensación es la de asomarse por un barranco y ver claramente tanto la posibilidad de conseguir lo que quieres como la de tener que seguir soñándolo. Ahí está ¡Ahí lo tienes! el temor que se diluye en la ilusión. Esas hormigas de nuestro estómago corren deprisa de un lado a otro. Es su forma de decir “Eh chaval, ten cuidado de confiarte, estás a nada de llegar pero todo es posible mientras no hayas llegado”.

Así que existe el temor en el ilusionado, y en el temor cabe la duda. Y por el temor, la duda y las ganas, existe el desafío que da lugar a la ilusión. La fórmula para que ésta sea esa emoción y no otra, reside en las proporciones de los elementos que la componen. Por eso se sorprendió, porque nunca antes había caído en la cuenta de que la ilusión es el temor en poca proporción con las enormes ganas de alcanzar al fin lo soñado... de un ilusionado.

lunes, 13 de septiembre de 2010

GALLINITA CIEGA

Gallinita ciega ¿qué se te ha perdido? Una aguja y un delantal… pues da tres vueltas y lo encontrarás.

Se que en todas las veces que nos perdemos ninguna es igual, porque siempre nos volvemos a encontrar… en sitios diferentes.

sábado, 28 de agosto de 2010

LA VIÑETA

Nada podía ser tan real como aquello. De pronto sus pies perdidos encontraban camino llevándole hacia algún lugar. Cerró los ojos y pensó en lo distinto que sería si pudiésemos hacer de las cosas que no nos gustan una viñeta… un trazo convertido en otra realidad. Así fue como intentó con la mano sobre su pecho sentir sus latidos, sorprendiéndose de su escasa masa corporal. Sí, tan poca, que pudo atravesarse y coger en ese instante el corazón; lo atrapó y lo observó durante un tiempo… era diferente, con esa forma tan peculiar que posee cuando lo dibujamos y tan alejada de la imagen que el verdadero tiene. Lo cierto es que estaba algo desformado.

Con su corazón hecho un guiñapo en el puño, lo lanzó bien lejos y al lado de su cabeza, justo a la derecha, apareció un bocadillo en el que se leía: “Desformado, como unos zapatos viejos que algún día hay que cambiar”, pero quien le estuviese leyendo nunca podría sentir lo que él, que atrapado en aquellas páginas se esforzaba por gritar.

Siguió caminando hasta llegar a la calle que tantos paseos le había visto dar. Una simple calle, como todas las demás, pero ésta era diferente, era la suya, porque las cosas, los lugares… no son nada por sí solos, los hacemos algo nosotros. Con los zapatos viejos que tantas veces la habían pisado, se sentó en su suelo, al final de ella. La sensación era tan agradable que sin darse cuenta se quedó dormido... entrando en el mundo de las verdades, ese que muchas veces nos hace reacios a la cama.

Se sentía tan grande en aquel mundo, que en las páginas siguientes quiso mostrárselo a la que le daba vida leyendo. Le contó que sentía el abrazo fuerte de alguien, uno de esos que casi te asfixian, de los que te dan ganas de tirarte horas y horas fundido en ese abrazo pero que en un instante dejas de apretar por vergüenza a que descubran ese pensamiento. Sin embargo aquel abrazo no sólo no finalizaba, era sentido, auténtico y de quien te prohíbe bajar al mundo real, con quien no te importaría pasar largas horas en un eterno abrazo… después una acaricia… y después…
¿Empezaba a llover?, había caído una gota sobre su nariz. Miró hacia arriba pero no existía el cielo, era el rostro de quien le leía, y la acaricia había sido una mano repasando su trazo en aquella página… Probablemente era alguien motivado que encontró en el personaje algo en común, pero no… aquellos ojos le sonaban… aquellos ojos le echaban de menos… y aquellos ojos eran su razón para dejar de ser un dibujo, recoger su corazón, volver al mundo de la realidad…
y ponérselo entre sus manos.

lunes, 23 de agosto de 2010

CARTA DE UN SOÑADOR

A veces se está tan cerca como lejos de lo que se anhela. Incluso, cuanto más cerca quizás más lejos. Es esa sensación de poder rozar casi las cosas sin llegar a tocarlas, de acostumbrarse a mirar sin intentar ver más allá. Como quienes lo hacemos tras una ventana, contentos por tener la oportunidad de observar, de anhelar a distancia, escondidos... no vaya a ser ¡que nuestro deseo nos mire!

Porque, ¿qué pasaría si coincidiese la mirada del sueño con la del que sueña? Probablemente el soñador cerraría los ojos como si de un acto reflejo se tratase. Es la magia propia de los deseos la que nos hipnotiza. Al principio perseguimos el final, después... el final de todo no resulta tan excitante como el principio, y antes de que se tornen en pesadillas... se vuelve al inicio. A la magia de lo intocable, que como un aroma se hace presente, se deja apreciar. Pero se escapa al resto de los sentidos... Es especial, sí, lo es por el hecho de que nunca se posa en la mano.

Así que se va desarrollando el sentido del olfato, olvidando el de la vista, anhelando el del tacto... olvidándonos uno por uno de los restantes. ¡Tanto es...! que volver a ver, conseguir tocar u otra cosa perteneciente a los otros sentidos, provocaría cierto temor. ¡Pues claro!, ya no se trataría del aroma, lo único "tangible" e intocable a la vez, y aquella ventana por la que el soñador observaba escondido, se habría abierto de par en par dejándolo completamente al descubierto ante la mirada del sueño.

La curiosa lucha de quien anhela queriendo dejar de anhelar lo que observa oculto... envenenado por la magia de soñar. Virtud hecha defecto, defecto hecho desconfianza (que no desesperanza) posiblemente, porque aún la mirada de un sueño... no se ha cruzado con la de, por el momento, un eterno soñador.


Poderoso es aquel o aquella, una vez que un sueño le mira




LJB

domingo, 15 de agosto de 2010

APARENTEMENTE

Al contrario que los sueños. Había sido real, le había conocido, y tal vez por primera vez, podía decirse que conocer “demasiado” no era “suficiente” Era como si aquella persona fuese un barranco constante por el que se precipita uno mismo. Ella quiso asomarse, pero ante sus ojos se mostraba un paisaje cambiante, siempre en pura metamorfosis. Con el tiempo se dio cuenta, de que ninguna de las imágenes que llenaban aquel precipicio eran verdad.

La joven quiso arrojarse, como si un momento antes de caer pudiese alzar el vuelo, claro que para ello, necesitaba de la imaginación de él. Necesitaba que aquel instante idease un paisaje que descendiese unos metros sin que nadie se percatase del descenso del nivel de aquella tierra y consecuentemente de su ascenso en el aire para no estrellarse. Pero dicha operación requería confianza, y lo más importante: sinceridad. Requería un borrador de mentiras. Sin embargo, sus mentiras podían distorsionar tanto la realidad que borrarlas implicaba hacer desaparecer sus tantas historias, y en definitiva, su única historia: la de él mismo. ¿Quién quiere borrarse así mismo?, aún peor… ¿quién quiere idearse como su propia mentira y vivir siendo una apariencia?

A ella le aterroriza pensar en los motivos que llevan a la distorsión de uno mismo. Es como ser tu propio túnel, en el que quedas encerrado perdido en la oscuridad, cuyas mentiras son señales luminosas que avisan al resto, de que hagas lo que hagas no puedes llegar al otro lado del túnel, porque la única luz presente, sólo puede activarla quien decidió vivir en la oscuridad.

"Ahora te recuerdo. Lo hago como si nunca hubieras sido real, no tengo ninguna imagen nítida de ti, ni del paisaje transformista en el que vivías, en el que quise pasear para comprenderlo todo. Y aunque quise vencer mi miedo a tu oscuridad, la mentira me recordó que es un laberinto de locura por donde nunca quiero caminar. Decidí quedarme parada en la última, la que califiqué de piadosa. No quise darle vueltas y pensar en las otras que posiblemente, me creí en su momento sin ningún espacio para la duda. No quise y no quiero. Porque no deseo juzgarte, porque no podría imaginarme que se pueda mentir con cosas que merecen el máximo respeto en esta vida. De este modo, aunque mi realidad te recuerde vagamente, te quiere dibujar con la mejor imagen que pude tener y creerme. Como la de la buena persona que percibí en ti, con aquellos valores que intuí y cuyos trazos, prefiero dejar incompletos para no hacerme una opinión, para no juzgar cuando se sentencia".


"Serás tu boceto en mi mente, el que fuiste y eres… aparentemente".


LJB

lunes, 9 de agosto de 2010

BOOMERANG

Cuando lanzas un boomerang por primera vez, uno debe aprender a que en el primer contacto lo más normal es que éste no vuelva. Por eso corrí por la arena hasta cogerlo y lanzarlo de nuevo. No se cuántas veces lo lancé, pero las cifras de aquel día no valían porque todas formaban parte de la primera vez.

Con frecuencia, hacemos esta clase de lanzamientos, especialmente cuando terminamos etapas y creemos una verdad que queremos que mienta: “aquella rutina que añoro ya no volverá”. Pero el ser humano necesita saber que las experiencias positivas vividas van a parar a algún lugar que no es la nada. Es la misma necesidad de creer que lo que apreciamos sigue vivo, como nos sucede con la “vida” en general y con la idea del “alma” y la “eternidad”.

Es por ello que lanzo una y otra vez esa frase, y mientras más la lanzo, más creo en su transformación, que al fin y al cabo es el significado del “cambio”. No se porqué tenemos la dichosa manía de dotar de gran importancia el primer pensamiento que se nos viene, y etiquetar como “incuestionable” la relación entre la palabra “cambio” y “fin”. Nuestro pensamiento a veces se llena de palabras urgentes, que como las prisas en cualquier aspecto que se den, no llevan a nada, tan sólo a retrasos. Es entonces cuando lo que queda de ti es tan sólo el reflejo, que pese a parecer irreal, es la parte más real de uno que mira hacia atrás (donde verdaderamente te encuentras) para decirte: “nada era tan urgente como caminar despacito ante los cambios”. Despacito y coordinado con la cabeza. Porque en situaciones de “transformación” nuestras fuertes piernas para andar se sitúan encima de los hombros.

Ahora vuelvo a coger esa frase, como el boomerang en la playa, pero esta vez entiendo su verdad “la rutina que añoro no volverá, sin embargo no se perderá”. No sólo se convertirá en otra rutina que en otro futuro añoraré, sino que cada una de sus formas permanecerá. Si no guardamos recuerdos, no crecemos, no podríamos echar de menos, no apreciaríamos pero tampoco dejaríamos espacio para aquellos recuerdos que hoy, aún no se han formado. En definitiva somos pura experiencia, puro recuerdo pasado y todavía no sucedido. Los recuerdos son “anclas” que nos hacen saber porqué estamos ahora aquí y porqué “somos”.

Por ello, los cambios son “puntos y aparte”. Son, en un principio, “boomerang” que no retornan inmediatamente a nosotros, de ahí que los principios cuesten tanto. Con el tiempo, ya no seremos “novatos” ante lo nuevo, y comprobaremos que aquello que un día lanzamos y que no volvía, regresará transformado… para nunca perderse.


LJB

jueves, 29 de julio de 2010

EL ESCURRIDIZO

Cómo te entiendo. Y qué poco me gusta entenderte, pues no se el motivo por el que sólo lo hago en lo difícil, lo casi incomprensible. Sí, se lo odioso que se hace cualquier camino cuando uno está así, se que todo se mezcla en las mismas proporciones y eso es algo que no puedes soportar, porque ante medidas iguales, el resultado parece ser la inmovilidad, lo neutro. Como dos fuerzas de la misma intensidad en sentidos opuestos.

Te escurres, como cualquier pez entre las manos. Te has vuelto tremendamente hábil. Ahora nadas por las aguas sin temor a hacerlo a contracorriente o a que tengas que esquivar muchos de los peces que danzan con sus aletas por ahí. Y aunque atrás quedó el brillo de tus escamas en esos días soleados, en los que los rayos atravesaban la superficie del mar… sabes que hacerse escurridizo nunca fue una buena opción, porque aunque ningunas manos llegasen a permanecer más de dos segundos en ti, era suficiente para quemarte la piel.

Sin embargo no dejé de creer en ti, pues de niña y cuando apenas tú sabías nadar, danzabas a mi alrededor mientras probaba con mis pies hasta dónde éstos llegaban. Incluso los días de oleaje, aparecías de repente dando un saltito para hacerme ver que estabas cerca. Eran tiempos mejores, en los que no huías de ti mismo y te dejabas querer hasta cuando las cosas no te iban del todo bien por el océano.

Recuerdo aquellos días porque se que te echas tanto de menos como yo a ti. Sabes que nunca pensé en hacerte la mejor pecera del mundo porque sólo puedes ser tú en la inmensidad de la libertad. Por mucho que ésta asuste, y también por mucho que nos perdamos en ella. Pero se que estás. Aunque te busques. Tal vez estés en el límite en el que el rayo de sol se desvanece en la distancia. Aún así, es suficiente para que intuyas mi reflejo o quizás alguna de las ondas de esa lágrima que se me ha escapado por echarte de menos. Tan sólo quiero decirte:
No pares de nadar, nada a tu ritmo, y lo que necesites para ser de nuevo ese gran corazón nadador… llegará y verás cómo no era imposible volver a danzar donde siempre fuiste tú, dónde siempre exististe… en la inmensidad del mar.




Hay quién es ese pez,
también quién es esa niña,
y quien es ambos a la vez.



LJB